lunes, 3 de abril de 2023

ESTA PLANTA SE PREPARA PARA EL SUICIDIO

 

La reproducción es quizá el evento más importante en la vida de un ser vivo y que requiere más energía, su éxito reproductivo determina su supervivencia como especie. Existe un grupo de organismos que toda la energía acumulada durante su vida es dirigida para una única y fatídica reproducción exitosa.

Dos de los estilos reproductivos más comunes son la iteroparidad y la semelparidad. La primera ocurre cuando un organismo se reproduce año con año, la transmisión de la información genética se incrementa con cada apareamiento, si por alguna razón las condiciones no favorecen la supervivencia de las crías un año, existe una oportunidad el siguiente. Ejemplos de iteroparidad somos nosotros los seres humanos. Por otra parte, existe la semelparidad, un tipo de reproducción poco frecuente y radical.

La semelparidad es una estrategia reproductiva en la que un organismo sólo se reproduce una vez y muere después de hacerlo, por esta razón también se le denomina reproducción suicida. La razón de que mueran los organismos es debido a un intenso esfuerzo reproductivo y no una consecuencia de un sacrificio voluntario.

Pero ¿Por qué la naturaleza permite un acto “cruel o de expiación” como el de dar la vida por dejar descendencia? En primer lugar, la naturaleza no conoce este sentido de la crueldad con sentido meramente humano y en segunda este tipo de estrategia se ve influenciada por la supervivencia de los estados juvenil y adulto de los organismos con el fin de crear el mayor número de eventos reproductivos.

Las plantas, por ejemplo, adquieren energía del sol a través de la fotosíntesis, pero deben gastar esta energía para crecer, mantener la salud y producir semillas ricas en energía para producir la próxima generación. Todas las especies tienen un presupuesto energético: deben equilibrar la ingesta de energía con su uso de energía para el metabolismo, la reproducción y el almacenamiento de energía.

                                               La fluorescencia central desarrollándose

La imagen objeto del título corresponde a un agave, también conocido como maguey, que es un género de plantas suculentas, que en su desarrollo forman una especie de roseta de hojas gruesas y carnosas denominadas pencas. La mayoría de especies llevan incrustadas en los bordes de sus hojas unas espinas, al igual que en la punta de la penca.

Son propias de climas áridos, sobresaliendo México con más de doscientas especies de agaves y posiblemente el país considerado origen de esta especie.  Pueden vivir entre 5 y 70 años, de tal manera que cuando el árbol alcanza su madurez, de su centro surge una colosal fluorescencia de aproximadamente 6 metros de altura y unos 30 centímetros de diámetro, una de las flores más impresionantes en la naturaleza.

Agaves con la fluorescencia desarrollada en pleno suicidio

De la fluorescencia brotan racimos de flores que formaran los futuros bulbillos que, al caer al suelo y enganchase al mismo, garantizaran la continuidad de la especie. Este interesante fenómeno evolutivo puede observarse en Cades, en los alrededores de nuestra casa.


1 comentario:

  1. Como bien dices, la planta actúa automáticamente, sin consciencia de lo que hace; pero en su "suicidio" hay mucha "astucia": por una parte, la reproducción sexual asegura en su descendencia una diversidad que puede ser crucial si cambian las condiciones del medio (es decir, que es un factor evolutivo). Pero, por otra parte, el ágave que se "suicida" se ha asegurado una descendencia por medio de los clones que ha formado en su base durante sus muchos años de vida. "Nadar y guardar la ropa..."

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